sábado, 28 de febrero de 2015

DERECHOS FUNDAMENTALES

“E pur si muove”

(Y sin embargo, se mueve)


Cuentan que esta frase fue dicha por el astrónomo Galileo cuando la Inquisición, también española, le obligó a retractarse sobre sus afirmaciones de que el mundo giraba alrededor del Sol. Galileo ya sabía entonces que el mundo era esférico y que por eso todo vuelve, que la historia se repite. Y eso es lo que nos está pasando a CSICA ya hace un tiempo con este empresario que nos ha tocado en suerte, que nos amenaza por escrito haciéndonos adjurar de la verdad. Sólo hay un problema y es que ni él es la Inquisición ni vivimos en el siglo XVII. Hoy, mal que bien, estamos en un país moderno que se ha dado a sí mismo un sistema de libertades públicas concretado en derechos fundamentales que no siempre son respetados.

El empresario Liberbank olvida que cuando se comienza la jornada laboral en una empresa, esos derechos fundamentales que asisten a todos los trabajadores, tengan o no la condición de sindicalistas, NO se dejan colgados en el perchero. Por el contrario, siguen estando plenamente vigentes y le está absolutamente vedado a ese empresario su transgresión. Sin embargo, la falta de formación en valores constitucionales de sus representantes unido a una actitud que fomenta estas prácticas ya sea de forma activa o pasiva, expresa o tácita, así como una cultura empresarial basada exclusivamente en las cosas —en el dinero casi exclusivamente— y no en las personas, está generando toda una suerte de ataques a estos derechos, algunos de ellos de tal relevancia como el derecho fundamentalísimo a la dignidad o a la libertad.

CSICA ha visto cómo sus dirigentes eran gravísimamente amenazados, una vez más, hasta con acciones penales por atreverse a denunciar la prolongación masiva de jornada de la plantilla precisamente cuando tiene reducidos el salario y la jornada por un ERTE,  hechos especialmente graves y suficientemente generalizados como para que sean motivo de ocupación sindical, que no es otra que la defensa de los intereses de los trabajadores, compromiso que un sindicato mayoritario como CSICA no puede ni debe obviar.

Hemos visto cómo se hurtaba, de nuevo y a pesar de tener sentencias de la Audiencia Nacional en contra, el derecho de todos los trabajadores a recibir información sindical así como el que tiene CSICA, formando parte del núcleo de la libertad sindical, a comunicarlos. Primero nos impidieron enviar los comunicados por la valija, más tarde impidieron que utilizáramos el correo corporativo aduciendo algo tan peregrino como la saturación de sus servidores. Después trataron de censurar la información que no les gustaba. Cuando la Audiencia Nacional, después de sendos acuerdos en sede judicial no respetados, les obliga a abrir sin censura la Intranet, de nuevo vuelven a impedir su publicación, vuelven a situarse en el papel de censores calificando la información sindical de falsa.

Si los hechos que denuncia CSICA fueran falsos suponemos que también estarán amenazando a los inspectores de trabajo que tienen la osadía de acreditar en sus actas de infracción el trabajo fuera de horario. El límite que tiene el derecho a la libertad sindical es el respeto a la exigencia legal de la buena fe, concepto jurídico que por indeterminado, ha debido ser construido por la jurisprudencia que sustancialmente prohíbe conductas desleales a ambas partes de la relación laboral. Este principio modula los derechos y obligaciones recíprocas de la relación laboral “sin embargo, esto no significa que exista un deber genérico de lealtad con un significado omnicomprensivo de sujeción del trabajador al interés empresarial, pues no resultaría acorde con el sistema constitucional de relaciones laborales” recuerda el Tribunal Constitucional en sentencia 186/1996.

CSICA ha denunciado unos hechos, una prolongación de jornada cuantitativamente muy importante y cualitativamente muy infractora de varias leyes de este país, y lo ha hecho con respeto absoluto al más exquisito procedimiento soportado en la buena fe:

  1. Hemos tenido centenares, sino miles de quejas de compañeros en todos los territorios que nos alertaban sobre la prolongación de jornada.
  2. Tenemos la evidencia de trabajadores a los que se les ordena por parte de sus superiores que prolonguen su jornada.
  3. Tenemos la evidencia de ver cómo los trabajadores acuden por las tardes al trabajo (porque de repente no se vuelven invisibles).
  4. Y tenemos la descripción completa de un procedimiento de obstrucción de la labor inspectora que incluye la evacuación planificada de edificios de quienes acuden a trabajar por la tarde para no ser sorprendidos por el Inspector de trabajo actuante.

En base a todos estos antecedentes

  1. Pusimos en marcha un trabajo mediante un cuestionario estadístico anónimo, construido y tabulado por compañeros que pueden acreditar especialidad universitaria en la materia, con una validación métrica conforme a estándares científicos.
  2. Contrastamos sus resultados con el conocimiento directo por evidencias de nuestros compañeros delegados en los distintos territorios.
  3. Nos apoyamos en las innumerables visitas seguidas de actas de infracción con presunción de certeza de la Inspección de Trabajo en las que queda patente el trabajo fuera del horario fijado en el ERTE.
  4. Por si acaso ello fuera poco, y una vez concluido un estudio riguroso, nos hemos dirigido por escrito al empresario, únicamente con la intención de hablar de este asunto. Dos días después de enviarles esta invitación un delegado sindical de CSICA fue trasladado al almacén a colocar cajas de cartón.
  5. Después de que el empresario contestara a nuestra invitación con una negativa desabrida le hemos remitido dicho Informe solicitándole simplemente que dicte una circular recordando lo que dice el Estatuto de los trabajadores para las empresas que tienen reducción de jornada: que se prohíban las horas extraordinarias.

La reacción del empresario ha sido, una vez más, censurar nuestra información y amenazar gravemente a quien la remite. Desde aquí le volvemos a decir que hemos puesto a disposición de los jueces sus amenazas, sus discriminaciones y sus arbitrariedades buscando la tutela judicial. No queremos desaprovechar la ocasión de reiterar al empresario Liberbank que nadie, ni siquiera él con todos sus caros abogados, está por encima de la Ley. Que vivimos en un estado de derecho y no en el siglo XVII.


Y que a pesar de sus amenazas, e pur si muove, o sea, que sí se trabaja de forma generalizada fuera del horario laboral.




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